lunes, 15 de agosto de 2011

Retroalimentación negativa.

Creo que la falsa esperanza y yo tenemos que dejar de ser amigos, un año entero de compañía y retroalimentación negativa son suficientes para entenderlo. Si es que no se debe hacer el amor con una persona que no sabe como mirarte a los ojos, tampoco sé si debo llamarlo amor. Al menos ya entiendo lo que decía la gente. Sobre la forma con la que me mirabas. Aunque esta vez sea a otro. No pasa nada, como dices tú, no es culpa tuya, será mía, no sé.
Tengo los dedos amarillos de pensar en ti, pero el humo me intoxica menos que tu presencia en este momento, te lo aseguro. La falsa esperanza también mata. Como a Napoleón que lo mató el verde, como a nosotros, que nos sigue pisando los talones, sin parar. Me oprime la obsesión y tú no tienes la culpa, ese es el problema, que sale sin querer.
Debería tener un montón de preocupaciones: cada día estoy más delgado, mi color favorito pasó a ser otro, o al menos el que odiaba. Se acercan los exámenes de esa carrera que he olvidado. Tengo 21 años y aún no conozco la forma de ralentizar el tiempo, ni de acelerarlo, joder. Y aún así, como siempre, mi única y principal preocupación sigues siendo tú y todos esos que te regalan ilusión y mejores momentos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario